Joyas con Intención - ¿Quién es Luchi Mejía? Su adolescencia
Al graduarme de 5to de primaria, mi adolescencia, inicié bachillerato en el colegio Santa Teresa de Jesús. Aprendí el amor por la virgen y su amor de madre.
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¿Quién es Luchi Mejía? Su adolescencia

Al graduarme de quinto de primaria con medallas y reconocimientos académicos y disciplinarios, inicié mi bachillerato en el colegio oficial Santa Teresa de Jesús (dirigido por hermanas Salesianas hijas de María Auxiliadora), de quienes aprendí el amor por la virgen y su amor como madre, durante mi adolescencia.

Por diferentes motivos, y yo diría por el camino trazado en mi aprendizaje, en octavo fui guiada para continuar mis estudios en el colegio San Luis Gonzaga (de la comunidad de hermanos maristas), en donde aprendí a conocer más de cerca el comportamiento de mis amigos y entendí la razón de mi aprendizaje para enfrentar este mundo terrenal.

En mi orientación profesional recibí asesoría para evaluar que podía ser, y en realidad quién quería ser, pero estas pruebas de orientación solo evidenciaron mi amor por el servicio a través de la salud.  Aunque la respuesta indicó que la vía era la medicina, mi corazón se inclinaba por enrutar mi vida a la salud oral, donde podría ejercer teniendo un manejo de mi tiempo más flexible para llegar a ser esposa y madre. La odontología era mi pasión desde los 13 años, y podía llegar a la Universidad gracias al apoyo incondicional de mis padres y su esfuerzo por darnos la mejor educación.

En quinto semestre de mi carrera, por cuestiones del destino, conocí en un pueblo llamado Samaná Caldas a un personaje que me robo el corazón hasta ahora. Un hombre que siempre me ha hecho reír, que su inteligencia me asombra aún todos los días, quien era estudiante de décimo semestre de Medicina Veterinaria y Zootécnia de la Universidad de Caldas y quien mostró su mejor versión de hombre romántico y enamorado de la vida que me convenció de ser su novia.

Cuando regresó de su servicio social a Manizales, empezamos un aprendizaje juntos. El camino de tener una relación a distancia fue difícil, pero su constancia y dedicación mantenían mi atención y mi corazón muy cerca. Solo con llamadas telefónicas, visitas cada 15 días (durante 5 años) y en ocasiones más espaciadas, Juan Manuel se convirtió en mi apoyo como pareja y mi mejor profesor de muchos temas intelectuales.

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¿Quién es Luchi Mejía? Su adolescencia

Al graduarme de quinto de primaria con medallas y reconocimientos académicos y disciplinarios, inicié mi bachillerato en el colegio oficial Santa Teresa de Jesús (dirigido por hermanas Salesianas hijas de María Auxiliadora), de quienes aprendí el amor por la virgen y su amor como madre, durante mi adolescencia.

Por diferentes motivos, y yo diría por el camino trazado en mi aprendizaje, en octavo fui guiada para continuar mis estudios en el colegio San Luis Gonzaga (de la comunidad de hermanos maristas), en donde aprendí a conocer más de cerca el comportamiento de mis amigos y entendí la razón de mi aprendizaje para enfrentar este mundo terrenal.

En mi orientación profesional recibí asesoría para evaluar que podía ser, y en realidad quién quería ser, pero estas pruebas de orientación solo evidenciaron mi amor por el servicio a través de la salud.  Aunque la respuesta indicó que la vía era la medicina, mi corazón se inclinaba por enrutar mi vida a la salud oral, donde podría ejercer teniendo un manejo de mi tiempo más flexible para llegar a ser esposa y madre. La odontología era mi pasión desde los 13 años, y podía llegar a la Universidad gracias al apoyo incondicional de mis padres y su esfuerzo por darnos la mejor educación.

En quinto semestre de mi carrera, por cuestiones del destino, conocí en un pueblo llamado Samaná Caldas a un personaje que me robo el corazón hasta ahora. Un hombre que siempre me ha hecho reír, que su inteligencia me asombra aún todos los días, quien era estudiante de décimo semestre de Medicina Veterinaria y Zootécnia de la Universidad de Caldas y quien mostró su mejor versión de hombre romántico y enamorado de la vida que me convenció de ser su novia.

Cuando regresó de su servicio social a Manizales, empezamos un aprendizaje juntos. El camino de tener una relación a distancia fue difícil, pero su constancia y dedicación mantenían mi atención y mi corazón muy cerca. Solo con llamadas telefónicas, visitas cada 15 días (durante 5 años) y en ocasiones más espaciadas, Juan Manuel se convirtió en mi apoyo como pareja y mi mejor profesor de muchos temas intelectuales.

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